Que desde cuando estoy en esto? creo desde que nací, bueno dejen soñar no?; allá por los años 60's como por el 63, escuchaba a mis mayores hablar de una historia que se genera en plena 2a. guerra mundial, se platicaba de unos soldados norteamericanos que regresaron de una misión en el frente de batalla y se encontraban en un bar ó, no recuerdo el
nombre, en uno de esos lugares que colocaron exprofeso en los cuarteles, donde podían desestresarse, al "calor" de una buena tanda de cervezas frías ó en su defecto, perderse en la benigna nebulosa de una o varias copas de vino; en fin, estos soldados (que parece ser eran de alto rango) acudieron a ese lugar en compañía de sus esposas y se dedicaron después del deber cumplido, a los escarceos propios de ese sitio, donde, ovbio, se conocían todos a grado tal que a veces olvidaban que existían jerarquías y al calor de lo bebido organizaban fiesta hasta altas horas de la noche. En ese tenor, ya muy entrada la noche, los oficiales en cuestión se encontraban por demás contentos y desinhibidos y sus esposas por el estilo; en eso, la música pasó de lo ruidoso a algo más bailable, más lento, más romántico, más . . . erótico!, al escuchar la melodía, se levantaron a bailar y a la mitad, decidieron cambiar de pareja y, sería el alcohol, el gusto de la fiesta ó . . . el diablillo del placer, los asistentes al lugar les aplaudieron y los motivaron a continuar en la pista si se le podía llamar así al pequeño espacio que tenían para bailar; a la siguiente pieza todavía cambiados de pareja, bailaron aún más provocativos que la primera vez pues se pegaron a su pareja de baile y empezó un juego de coqueteo entre ellos y era eso, un juego, simple y llano sin mayor deseo que el de divertirse pero, entre juego y juego sin darse cuenta, una de las parejas tocó sus labios, fué . . . un beso rápido, leve, como el aleteo de un ave que nos roza al volar bajo, pero tan bajo que . . . caen nuestras defensas y nuestro desvarío nos lanza al insondable pozo del deseo sin más atadura al mundo real que el endeble lazo de nuestros sentidos!; los que solo miraban enmudecieron, se exacerbaron los sentidos, el ambiente se hizo pastoso y se sintió un aire de sexo, de deseo; los sentidos se manifestaron a flor de piel, dejaron sus bebidas en las mesas y se miraron unos a otros, sin entender en que momento cambiaron las reglas del juego, sin comprender aún el alcance de lo ocurrido en la pista, los bailarines se detuvieron y, así casi sin darse cuenta, se abrazaron con deseo y unieron sus bocas y dejaron que su líbido se derramara en el río desbordado y caudaloso de la pasión, todos los demás callados, con la boca seca y la mirada perdida en aquellas parejas que, sin recato alguno, se besaban y acariciaban para beneplácito de sus cuerpos. Al fin, y después de unos minutos, reaccionaron y se miraron sorprendidos, pero con el mayor de los deseos en la mirada; voltearon a ver la concurrencia y, como si fuera premeditado, les aplaudieron, les vitorearon su osadía y ellos en respuesta, agradecieron los aplausos con reverencias exageradas, a modo de hacer de cuenta que era eso . . . un juego y nada más; de inmediato, pagaron sus tragos y se retiraron pero se veían cambiados, ausentes, su mirada no era la de siempre, pareciera que los rodeaba un halo misterioso, un halo de complicidad y llevaban en los labios un dejo de insatisfacción, un deseo de terminar con lo iniciado. Salieron, los que quedaron en aquel sitio regresaron a sus bebidas, pero sin más plática que la de sus mentes, sin otra cosa en que pensar, salvo en qué terminaría la fiesta particular de aquellos oficiales que, sin ellos darse cuenta, cambiaron la norma de los subsecuentes matrimonios. Damas, matrimonios, les interesa?, dejen sus comentarios y, si así lo desean sus correos; robémosle un pedazo a la historia, degustemos un poco del vino delicioso del devaneo amoroso, pintemos el cielo con el color ardiente de nuestra líbido. Su swingeramigo: Clavito55!.